26 de abril de 2018

Myanmar - Sagaing - Umin Thounzeh Paya

Los Buda de la media luna

Desde Amarapura seguimos viaje cruzando el río Irrawaddy por el nuevo puente de Yadanabon, viendo desde el mismo el antiguo y más famoso puente de Ava, construido por los británicos en 1934, que tiene 16 ojos y 1 km de longitud; los británicos demolieron en 1942 dos de sus ojos para evitar el paso de los japoneses, y no volvió a estar en funcionamiento de nuevo hasta 1954. 



Hemos llegado a la División de Sagaing, y a su capital, Sagaing, situada a unos 20 km al sudoeste de Mandalay. Sagaing debe su nombre a los árboles de la colina, y fue capital del reino birmano en 1315 tras la caída de Bagan, pero en 1364 Thado Mindbya trasladó la capital a Inwa (Ava), para volver a ser la capital de 1760 a 1764 (este jaleo de capitales ya os lo he contado al hablaros de Amarapura,  aunque es difícil aprendérselo). 


En Sagaing hay más de 500 pagodas, sin contar monasterios, por lo que realizar una visita en esta ciudad llevaría mucho días si los planes de visita son ambiciosos, así que lo mejor es elegir bien los lugares a visitar, y nosotros nos conformaremos con pocos, pero si tenéis más expectativas, en un día completo daría mucho tiempo para hacer una visita más extensa (contratando un taxi).

El coche nos deja frente a una cuesta, y a nuestra izquierda la entrada a una pagoda que hasta parece una fantasía budista de Barbie. 


La cuesta (que afortunadamente no es larga y tenemos nuestras chanclas todavía en nuestros pies) lleva hasta la entrada a la pagoda Umin Thounzeh Paya (cuyo significado es "treinta cuevas"), custodiada por las figuras de dos nagas, de no gran tamaño. Entramos al típico pasillo o pasarela, unas escaleras en ascenso por las que todavía seguimos calzados, en la que no faltan tiendas con artículos de todo tipo, religiosos y turísticos). 


La pasarela sale a una explanada, y ahora sí, fuera chanclas, donde en primer lugar hay un santuario, en cuyo exterior hay una campana, y en el interior, figuras de Buda. 




La explanada se torna en curva para alojar una construcción con forma de media luna; en ella ondea la bandera budista birmana, cuya diferencia con la budista en general es la sustitución del color naranja por el color rosa (no sé el motivo, a lo mejor incluyendo a las mujeres porque este es el color de sus túnicas, pero dado el machismo del budismo -que yo desconocía-, el machismo birmano en particular y mundial en general, no me parece muy lógico). 


En el exterior y en el interior de esta media luna hay placas con las donaciones recibidas, desde todas las partes del mundo. 


En el interior de este santuario con forma de media luna hay cuarenta y cinco imágenes (no los conté, doy por bueno el número) de Budas sentados con las manos en la posición del mudra Bhumisparsha: la mano derecha señalando hacia abajo, hacia la tierra, y la mano izquierda con la palma hacia arriba



De estas 45 imágenes hay hay dos sentadas en un trono. 


El resto de las imágenes tienen halos con mosaicos de cristal (los prefiero así antes que con las luces de neón). 


El nombre de treinta cuevas hará referencia a los nichos de entrada al espacio en forma de media luna, que es menor al número de estatuas en su interior. Extraño me parece, aunque hay que tener en cuenta que el nueve es el número místico o sagrado o de la suerte, y 4+5 es su suma. 


Desde esta explanada se tienen vistas a la colina y sus alrededores, pero como vemos que hay unas escaleras que suben más arriba, decidimos subir por ellas, Myo se queda atrás, y cuando nosotros vamos solos somos como un poquito cabras, perdiéndonos por todos los sitios posibles. 


Arriba nos encontramos con un mundo dorado y blanco de pequeñas estupas; y con un suelo de ladrillos que arde lo que no está escrito ni dicho, ya que le está pegando el sol a base de bien, así que vamos pegando saltitos y buscando las sombras posibles.



Como muchos que antes que nosotros han subido hasta aquí, nos quedamos maravillados con las hermosas vistas que tenemos: la colina y sus infinitas estupas, el río, las estupas al otro lado del río... realmente precioso. 





En esta zona hay otro santuario con estatuas de Buda, la central creo que realizando el mudra Dharmachakra, cuya posición de manos significa la rueda de Dharma, que marca la perfección del Dharma como ley del orden cósmico (y es que con estas palabras entro en un mundo desconocido que me ralla en lo extraño). 



Seguimos subiendo por escaleras y curioseando los pabellones que nos encontramos por el camino. Sobre uno de ellos hay una estupa clásica y una de estilo hindú. 


En el interior por supuesto que hay más imágenes de Buda, unos protegidos por una verja y otro en solitario; todos ellos en pabellones más bien insulsos decorativamente. 



En lo más alto del todo, la estupa principal del complejo, como una tarta de bodas grandiosa. 


Emprendemos el camino de bajada, que en realidad son dos, se puede llegar hasta arriba por dos escaleras diferentes, pasando por diferentes santuarios. 


Umin Thounzeh Paya nos ha parecido un lugar con mucho encanto, la construcción con forma de media luna y las vistas forman un conjunto muy especial. 

24 de abril de 2018

Myanmar - Amarapura - Puente U Bein

El puente sobre el lago

Antes de salir de Amarapura tras la visita al monasterio Maha Gandayon Kyaung le pido a Myo que paremos en el puente U Bein, en el que pararemos de nuevo al atardecer después de visitar otras poblaciones en las cercanías. La razón principal es para verlo con la luz del día, con otra luz, y nuestro compromiso es que no nos escaparemos para subir a él, que bajaremos, miraremos y seremos rápidos (quid pro quo que decía Hannibal Lecter, o sea que si perdemos tiempo aquí, podremos perder tiempo para otras visitas en otro lugar). 



Por la tarde como estaba programado volvemos al puente para intentar disfrutar de lo que tenía que ser un bonito atardecer, con colores, luces, sombras, reflejos… Estamos en el lago Taungthaman, lago que una leyenda cuenta que recibe su nombre de un ogro que llegó aquí en busca de Buda. 



Antes de caminar por el puente, Myo negocia por nosotros con un barquero para que nos espere a mitad del mismo y darnos un paseo por el lago (creo recordar que fueron 12.000 kyats -entre 6 y 7€, sin tiempo concertado, el que quisiéramos nosotros, decidíamos cuándo bajábamos a la barca y el tiempo en el lago). Lástima del basurero que hay en la orilla del lago y lo idílico se torna en suciedad. 


En los alrededores del puente hay un buen número de restaurantes y puestos de comida, puestos que también encontramos a la entrada del puente, que no son solo de alimentación, también los hay de souvenirs por supuesto. 



Es un puente peatonal de teca de 1,2 km, construido con madera teóricamente que procedía del antiguo palacio real de Amarapura. Fue construido en 1849 sobre 1.060 postes con unos 6 m de altura, y su nombre lo recibe por un secretario del rey que ordenó su construcción. 


Si hay algo que nos gusta y emociona de Asia es la vida acuática que hay en sus lagos y ríos y las estampas que nos proporcionan. Los pescadores se dedican a su fauna, los barqueros a sus turistas, los agricultores a sus pequeños campos que han plantado, los habitantes a disfrutar de un baño, los patos a su alimentación… el entorno es realmente de gran belleza. 







El puente tiene una forma curvada para hacerlo más resistinte al viento y al agua. Durante su recorrido cuenta con cinco zonas de descanso con bancos y sobre todo sombra en los días de calor.



Desde las zonas de descanso se puede acceder, si el nivel de agua lo permite, al lecho del lago. 


En estas estas zonas de descanso hay puestos instalados, así como junto a ellas. Esos cangrejos rebozados y la tortillas de camarones la verdad es que tenían una pinta estupenda, y el sentido común estomacal te para a comprarlos por evitar un posible contratiempo. 


 
No cruzamos el puente en su totalidad, no vaya a ser que al final lleguemos tarde al atardecer, pero al final nos hubiera dado tiempo a todo. Hemos quedado con el barquero en la segunda caseta de descanso, y él ya nos tiene bien fichados, ¡menos mal!, porque sinceramente creo que ninguno de nosotros le hubiéramos reconocido (tendríamos que habernos fijado en su camiseta y no en su barca). Una vez en la barca, comenzamos a pasear por el lago, lentos, tranquilos, disfrutando del paisaje. 


La mayoría de los pilares del puente son los originales de teca, pero algunos han sido sustituidos por menos bellos, son de hormigón. 




Esta es una fotografía típica del puente, la que es famosa: un monje cruzando por él, pero nos falta el atardecer rojizo a sus espaldas para que sea completo.


Pacientemente el barquero y nosotros esperamos que las luces del atardecer caigan sobre el puente y sus alrededores, pero es un atardecer muy tenue, aunque no por ello dejar ser un momento bello y mágico, que una mujer aprovecha para realizarse unas fotografías con un vestido vaporoso de color rojo intenso que se levanta con el poco aire que sopla esporádicamente. 



En el lago van quedando pocas barca, así que como nos esperamos más luces en el cielo y sí la sombra, le pedimos al barquero que nos lleve a la orilla. Una nota importante, en algunas barcas vimos que la gente llevaba botellas de champán para celebrar y que el momento sea chisporroteante, aunque me da que para algunos podría terminar en zozobra.