21 de septiembre de 2015

Boston - Restaurante Mare


La langosta gigante

Para la segunda noche de estancia en Boston hicimos una reserva, entre un abanico de atractivas posibilidades en la ciudad, siendo la elección el restaurante Mare, localizado en Little Italy, barrio por el que pasearemos más adelante; y todo porque vi un reportaje de la ciudad y salía este restaurante que me llamó atención.  A la salida del hotel, que no contábamos con él pero al pedir un taxi nos lo ofrecieron, el Lexus que el propio hotel pone a disposición de los clientes, con un chófer encantador que deja la tarjeta en el restaurante para que le llamen cuando deseemos regresar; todo un puntazo este detalle. 


En la actualidad el restaurante ha cambiado de localización, se mantiene en el mismo barrio de Little Italy pero ha ampliado el local y su oferta, con terraza y cócteles. 


Cuando llegamos el restaurante estaba al completo, y por desgracia el sitio está ocupado al milímetro, con lo que es casi imposible entrar en la mesa -o le frotas la barriga o le frotas el trasero al comensal contiguo-, que afortunadamente no tenemos que esperar ya que nuestro turno de cena es tardío para el standard americano.



Las mesas para dos tampoco son excesivamente amplias, el espacio sigue siendo valioso, eso sí, la vela le da un plus romántico. 


Leemos bien la carta, pero tenemos claro lo que vamos a pedir sin casi necesidad de leerla, el producto ya está elegido. Afortunadamente nuestro camarero es hispano, de origen mexicano, con lo que las dudas se resuelven al momento y además estuvimos muy bien atendidos.


Y no va a ser una especialidad de la casa, las ostras, ya que a ninguno de los dos nos gustan. 


Para compartir, y más que nada para probar otro plato de la carta mientras esperamos el principal, una ensalada de pulpo con patatas peruanas (el origen del pulpo no lo decían). No fue un gran plato, no solo de tamaño sino de sabor, y es que el pulpo gallego y a la gallega le ganan a estas patitas fritas. 


De plato principal, estaba claro que sería una langosta de Maine, lo complicado era decidir su elaboración, en la que quedaban descartados los sándwiches y variedades, que de estos ya hemos tenido durante el viaje por Canadá; así que solo quedaba un clásico, la Stuffed Lobster, que no es el mejor modo de disfrutar de una langosta, pero volvemos a lo mismo, esta langosta no está batida ni es un rico bogavante gallego, es de Maine, y son más insípidas.

La langosta stuffed tiene tres partes: las patas cocidas, la cola gratinada, y la cabeza con parte de carne de langosta con una crema-salsa de mantequilla gratinada. Y si todavía querías algo más, mantequilla derretida para darle más sabor… En definitiva, los experimentos no son buenos, y la langosta a la parrilla, y a ser posible, una langosta jugosa y sabrosa.

Lo más divertido fue la cara de la señora que tenía casi como compañera de mesa a mi izquierda, que al ver nuestros platos puso una cara de asombro total, y con ella y su pareja entablamos una pequeña conversación por culpa de una descomunal langosta. 


No recuerdo el vino que tomamos, pero no fue una botella, principalmente porque yo no quería beber demasiado, y con una copa tendría bastante, a pesar de la consistente cena, que por supuesto no fui capaz de terminar, esta langosta es mejor pedirla para compartir.

No nos quedamos sin postre, y pedimos un tiramisú, ahora sí para compartir. No estaba malo, pero hemos comidos mejores, incluso el nuestro casero. 



Al entrar en el turno tardío de cena, cuando salimos quedaban pocos comensales, y el local sin gente parece otra cosa, más tranquilo, más romántico, más apetecible, incluso preparado para una petición de mano. 


No me arrepiento de haber probado la cocina de Mare, porque si no sería una espinita clavada, pero para otra escapada a Boston no estará en los planes, seguro que encontramos algo que nos convenza más. 

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