22 de mayo de 2017

Costa Rica - De San José a Puerto Viejo de Talamanca



¡Pura Vida!

Hoy comienza el viaje que nos llevará por todo el país, descubriendo todo lo que podamos de sus bellezas naturales, que son muchas. El desayuno lo tomamos en el hotel, es tipo buffet, sin grandes alardes gastronómicos, pero tienen un plato que es un clásico tico, por lo que decido probarlo, el gallo pinto: arroz con frijoles negros guisados con cebolla, pimentón dulce, cilantro. Hay que alimentarse bien, y para acompañarlo un zumo de tamarindo (ricoooooo). 




Como no soy capaz de desengancharme de mi té de la mañana, continúo mi rutina diaria, y no pruebo el café costarricense, que parece que no estaba malo, sobre todo conociendo los cafés de los hoteles por regla general. 




Los transportes que tenemos contratados son en minivans principalmente, en este caso de la empresa Interbus, donde pueden viajar hasta diez pasajeros. Hoy nos toca recoger en otros hoteles de San José a una americana y a una pareja de alemanes, así que hacemos un pequeño tour por la ciudad, pasando por el barrio Amón y por el barrio Otoya, que nos llama la atención, pero solo fotografiamos los grafitis y no las bonitas casas que tienen. 




Salimos de San José, y esta foto me resulta muy curiosa: las vías del tren, las casas con paredes de latón, con pintadas o graffitis, y dos hombres con traje, y seguramente con corbata. 




A las afueras de la ciudad vemos lo que ocurre en todas las ciudades del mundo, poblamientos de chabolas, en un caos arquitectónico total. Si en la ciudad es donde se encuentra el trabajo hay que acercarse a ella. Lo que tampoco suele faltar en estos poblamientos son las antenas parabólicas. 


Una parada de autobús simpáticamente decorada, estamos en la autovía 32 en dirección noreste. 




Toca pagar peaje, aunque me parece que solo en este sentido, para entrar a la ciudad no recuerdo que se hiciera ninguna vez, pero es un dato confuso sin seguridad. 




El día no es precisamente soleado, pero el verde del paisaje comienza a rellenar nuestras pupilas. 




En la carretera vemos puestos de frutas y verduras: plátanos –curioso que no le llamen banana-, pejibayes (que no tengo muy claro si se trata del fruto del palmito, o de una zona del tronco del cogollo del árbol del que se extrae el palmito conocido), yuca y mamones (de estos hablaré más adelante). 



Atravesamos el Parque Nacional Braulio Carrillo, dividido por esta autovía 32, y el paisaje nos gana definitivamente, y eso que no pudimos tomar buenas fotografías, pero en los ojos momentáneamente lo conservamos. 





En Guápiles hacemos una parada para desayunar, los que no lo hayan hecho; para descansar, los que estén cansados de dos horas de viaje; o para tomar una bebida, que es lo que hacemos nosotros. 




Durante todo el viaje, por todo el país hemos visto puestos de policía en los pueblos y ciudades, y coches patrullando por las carreteras. 




Y aquí tenemos el mamón, que es como llaman al rambután, ese fruto tan rico que conocimos en Vietnam, que nos gustó mucho allí. Suele tener varios precios, el de menor importe es para los frutos en peor estado, si se quieren de mejor presencia, y seguramente mayor sabor, hay que pagar algo más, aunque supongo que el regateo estará a la orden del día. 



Pasado Guápiles giramos en dirección sureste, acercándonos a la costa, y comenzamos a ver las típicas palmeras, aparte de ir descubriendo eventualmente rayos de sol. 




El paisaje verde y los ríos siguen deleitando nuestros ojos. 





Llegamos a la población de Puerto Limón, a la entrada se encuentra el cementerio, dividido en dos por la carretera. Conocida como Limón, conoció su auge con la exportación de bananas, que partían en barcos desde su puerto, y gracias a la llegada del ferrocarril, para cuya construcción llegaron afrocaribeños de las Antillas, por lo que en sus calles todavía se pueden ver descendientes de ellos, proporcionando un curioso ambiente, aunque la lástima es que tiene la lacra de no ser una ciudad especialmente segura, con una alta tasa de delincuencia, detalle que podemos notar en que la mayor parte de las casas, unifamiliares principalmente, están protegidas por verjas. 




Salimos de Puerto Limón para tomar la carretera 36 en dirección sur, cruzando ríos que desembocan en el Mar Caribe, que en algunos tramos ya se deja ver y nos emociona. 





En Cahuita o sus alrededores comienza el desalojo de viajeros de la minivan, entrando en caminos de tierra que parecen conducir a la nada, aunque finalmente aparecen los hoteles perdidos entre la vegetación, ¿un oasis?, lo que es seguro que se tendrá infinita tranquilidad.




Nos quedamos los últimos en la minivan, y tras algo más de cinco horas de viaje llegamos a Puerto Viejo de Talamanca, que nos produce buenas sensaciones, con su playa, sus árboles costeros, su ambiente...y lo primero es dejarnos en el hotel en el que pasaremos dos noches.




¡Pura Vida!, este es el saludo de los ticos, ya sea para saludar o para despedirse; luego ya pueden preguntar qué tal estamos, o cómo hemos dormido o descansado o comido... En San José nunca lo escuchamos, pero a partir de este momento será una bonita expresión que adoptaremos con cariño y respeto. Y es que en Costa Rica la vida es muy pura, muy verde, muy natural, y sobre todo como ya iremos viendo, ¡muy animal!
Mapa del recorrido:

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