3 de julio de 2017

Costa Rica - Arenal (La Fortuna) - Parque Nacional Volcán Arenal



La fuerza de la naturaleza

Hoy a las 7.40 h tenemos que estar en la recepción del hotel para realizar la excursión de la mañana, por lo que tranquilamente nos hemos despertado temprano, hemos tomado nuestro baño en el jacuzzi y desayunado en la terraza con los colibríes, así hemos aprovechado el tiempo mejor, ya que la opción de bajar al buffet y volver a subir a la habitación no nos convencía demasiado, sobre todo teniendo ese jacuzzi en la habitación. 

La excursión la haremos al Parque Nacional Volcán Arenal, declarado como tal en 1995, y la haremos en compañía de una familia británica y de una pareja norteamericana, todos muy simpáticos, y todos muy pendientes de todos en el caminar; está claro que el idioma no es un impedimento para la comunicación. 

Desde el coche tenemos nuestra primera visión del volcán, al que es difícil no verle coronado por las nubes. 


Llegamos a la entrada del parque donde nuestro guía; Néstor, se encarga de los trámites del ticket (que entra en el precio de la excursión). El 29 de julio de 1968 un terremoto provocó enormes explosiones del volcán, con ríos de lava que destruyeron tres pueblos, muriendo 78 personas. Un conjunto de placas recuerda el hecho y sobre todo a las personas. 


Un escueto mapa en el que se pueden las rutas del parque (sin nombre, aunque los tienen). 


Nosotros vamos a caminar por el sendero Las Coladas, de solo 2 km, una caminata corta y tranquila (menos mal que finalmente no pedí otra más completa y algo más exigente físicamente hacia otra zona, porque ni el cuerpo de mi pareja ni el mío estaban para trotes). 


Y este es el camino, llano en su mayor parte, en el que Néstor nos irá descubriendo parte de su flora y fauna, advirtiéndonos de que tengamos cuidado con la primera, ya que sus hojas pueden cortar o pinchar, por muy bonitas que parezcan, y además hay que cuidarla. 


Creo que este helecho recibe el nombre de helecho joker, supongo que sus hojas colgantes recuerdan a los picos del sombrero de este personaje. 


En el suelo una conocida nuestra, una planta muy simpática, la mimosa, que no estaba muy dispuesta a colaborar y por eso el vídeo que grabamos no es representativo de nada. Cuando le pasas suavemente un dedo por encima se contrae, como en un arranque de timidez. 


La lluvia y la humedad, ciertamente incómodas, son las que consiguen que los bosques de Costa Rica presenten su bonito aspecto de cuento, que en la noche podría tender a cuento de miedo. 


Las heliconias salpican la vegetación con su colorido naranja, amarillo o rojizo; en Costa Rica hay por lo menos 250 especies de esta planta, tan bien llamada ave del paraíso. 


Vemos un gran ficus o higuerón, con sus raíces cubriendo gran parte del suelo alrededor, que producen la sensación de que cuando te des la vuelta, el árbol caminará y cambiará de posición. La razón de las raíces aéreas es que el higuerón comienza como planta epifita sobre otra planta, y poco a poco va extendiendo sus raíces hasta tocar el suelo, momento en que estrangula a su planta anfitrión y comienza su vida como árbol independiente (esta epifita sí termina resultando dañina para la planta en la que se desarrolla). 



Otro de los árboles es el arenillo, cuya madera era muy apreciada para la elaboración de muebles. 


¡Arriba la mirada! Un mosquitero tropical se posa en la última rama. 


Conocemos a otro tipo de araña, la araña panadera, que parece más una concha, o incluso un alien con un ojo central… los pinchos a su alrededor son una protección. Las hay más coloridas pero desde luego esta nos resulto hasta bonita. 


Un simpático saltamontes verde esperanza (creo que así se llama, con esperanza y todo). 


Más que un árbol parece un dinosaurio de cien patas, la naturaleza se vuelve caprichosa con sus formas. 


La humedad propicia la aparición de hongos sobre los troncos de los árboles. 


No faltan los termiteros, que no son pocos ni pequeños. 


Un árbol guarumo, de bonitas y grandes hojas, cuyo tronco está hueco, vaciado por las termitas. 


Un árbol copey, cubierto de musgo. 


Una atractiva flor, para nosotros de nombre desconocido, y es que de vez en cuando nos quedamos descolgados del grupo contemplando a nuestro alrededor y luego nos toca correr para unirnos con él. 


De repente, todos notamos como algo nos pica en las piernas, ¡hormigas soldado!, unas hormigas que corren y suben por cualquier parte a una velocidad asombrosa, con unos dientes que clavan a conciencia, que también son conocidas como hormigas guerreras o ardieras. Y es que precisamente nos hemos parado junto a su camino en mitad del nuestro, y han aprovechado la ocasión. Todos luchamos desesperadamente para quitárnoslas, y eso que en mi caso llevaba el pantalón bien ajustado sobre la bota, pero aún así, llegaron a entrar dentro de la bota y todo. ¡Asesinas! Lástima me dio que el hijo de la familia británica se había sentado en el suelo antes, y no sé si sobre algo no recomendable. 

Una sorpresa, hay que agudizar la vista porque está bien camuflado haciendo honor a su nombre, un pájaro estaca. Una pena que solo nos enseñó su espalda y no su cara. 



Más adelante nos saluda una chachalaca, ave que tiene nombre de baile marchoso. 


Néstor nos señala una columna de cemento, que perteneció a la verja del ICE (Instituto Costarricense de Electricidad), ya que esta zona les pertenecía y luego paso a ser Parque Nacional. 


Néstor nos enseña una hoja conocida como lengua de vaca, con unos pelitos sobre ella que reciben el nombre de tricomas; la curiosidad es que parece tener cinco nervios en su haz (cara superior), pero en el envés (cara inferior) de la hoja solo hay tres saliendo del peciolo (falta la falta demostrativa). 


Estamos caminando por un bosque secundario, es decir, que ha sido explotado por el hombre y posteriormente se ha recuperado (por lo menos se ha hecho una buena acción). El bosque primario es por lógica el que nunca ha sido explotado, fragmentado o influido por el hombre. 

Termina el camino llano y comienza el camino de la colada de lava, sobre piedras volcánicas y en ascenso. 



La ascensión tiene como siempre la recompensa de las vistas. Por un lado, el lago Arenal


Y por otro, al rey de esta zona, el volcán Arenal, que ha dejado de tener actividad pero al que no se le puede dejar de mirar por si acaso. Los carteles sobre su peligrosidad se mantienen. 


El volcán comenzó a formarse hace un millar de años, siendo considerado sagrado por las tribus precolombinas. Permaneció inactivo desde el año 1500 aproximadamente hasta el 29 de julio de 1968. Hasta el 2010 continúo lanzando columnas de ceniza y ríos de roca fundida incandescente, acompañadas de explosiones. Era un espectáculo por la noche por la lava roja corriendo por sus laderas (y los turistas a la captura de la mejor fotografía). 


Disfrutadas las vistas y realizadas las fotografías emprendemos el camino de vuelta, donde nos encontramos con una simpática ardilla, que aunque no tenga el interés de ser “exótica”, alegra con su presencia. 


En este camino no podía faltar la araña nefila, omnipresente en el país. 


Una vez en el coche, nos ofrecen un pequeño refrigerio. 


Nos llevan al hotel, podríamos habernos quedado a curiosear en La Fortuna y comer allí, pero sinceramente, jacuzzi, piscina, ducha, descanso…en este viaje son términos que han primado, y es que debe ser que nos hacemos "mayores", por lo que este viaje comenzó con los dos pies izquierdos y se fue levantando y cayendo kilómetro a kilómetro, paso a paso, pero creo que durante la organización del mismo tuve claro que no iba a ser un viaje de los de marcar el paso rápido continuamente, que teníamos que tener nuestros momentos de descanso, ¿premonición de nuestros estados físicos?, estados físicos y emocionales que ya salieron de Madrid algo desgastados.